Qué pasa con la educación sexual?

La Educación Sexual no es una tarea cómoda. No solo hay que cuidar  lo que uno va a decir al educando sino también qué palabras va a usar que no  lo incomoden, pero que al mismo tiempo las entienda.  Eso no ocurre en las áreas de la medicina, de la psicología o de alguna otra disciplina o ciencia, tenga o no que ver con la salud y el cuidado del ser humano.

En otros campos a las cosas se las llama por su nombre, solo en el  de la sexualidad  los órganos genitales  o las prácticas que se ejerciten tienen apodos o nombres coloquiales. Y estos apodos varían de país en país  y de cultura en cultura.

A ninguna otra parte del cuerpo que no esté relacionada con la sexualidad y/o la genitalidad se la llama por un nombre sustituto. Al ojo se le dice ojo, a la cabeza,  cabeza  y a la nariz, nariz.

Igual a las acciones de caminar, correr, hablar, etc.  Pero al pene, a los testículos y  a la vulva, pocas veces se los denomina con el nombre que tienen, como tampoco se habla normalmente utilizando la palabra coito, a menos que sea en una conferencia, en la clase de un curso, o en una entrevista médica.

La dificultad para llamar a las cosas por su nombre en Educación Sexual y en sexología  da cuenta de lo incómodo que se hace trabajar en la disciplina si el  educador no está bien  formado  en este aspecto  Si no ha hecho una reestructuración cognitiva de su propia sexualidad  y actitudes, y se ha podido hacer cargo de sus  trabas y limitaciones para expresarse en esta disciplina.       El educador sexual  requiere de un  entrenamiento para poder dirigirse al  educando, usando palabras simples, no hiriendo sus susceptibilidad, haciendo que  no se sienta ofendido ni avergonzado  por un lenguaje muy directo, pero al mismo tiempo usando un lenguaje que  pueda entender, ya que generalmente los  mismos  no están   acostumbrados  a usar palabras técnicas o los nombres correctos de sus genitales y acciones sexuales (a veces ni siquiera los conocen), ni tampoco a hablar del tema con naturalidad.

La sexología  educativa, específicamente con los objetivos de promover la salud  sexual y reproductiva, es también muy nueva.

Para asegurar el desarrollo de una sexualidad saludable y exenta de malestar, riesgos, sufrimientos ,culpa y vergüenza, los derechos sexuales deben ser reconocidos, promovidos, respetados, protegidos y defendidos por todas las sociedades con todos los medios a su alcance. Entre los derechos sexuales, se encuentra el derecho a la educación sexual integral mediante una información basada en el conocimiento científico que permita, a su vez, el derecho a la toma de decisiones reproductivas, libres y responsables y el ejercicio autónomo del resto de derechos sexuales.

Es importante distinguir entre información sexual (transmisión de hechos y datos acercade cómo funciona el cuerpo y cómo se pueden prevenir situaciones que a menudo se asocian o generan problemas de salud) de la verdadera educación para la sexualidad.

La información sexual se encamina al “atesoramiento” de un acervo de hechos y datos, usualmente “vertidos” de forma que sean recibidos sin crítica ni asimilación, en contraste con la educación sexual que se orienta desarrollar y favorecer las aptitudes y actitudes en la interrelación entre las personas en una sociedad determinada. Así, en los procesos de educación sexual los hechos y datos aprendidos potencian la reflexión y el análisis anticipatorio, evitando el predominio de la acción irreflexiva sobre el pensamiento lógico .La práctica de la educación para sexualidad y la promoción de la salud sexual, implica la adopción de un enfoque holístico aplicado al estudio de necesidades, planificación ,implementación y evaluación de programas de educación y salud diseñados para llegar en forma eficiente a los distintos grupos poblacionales.

En los últimos tiempos se ha venido constatando por profesionales e instituciones que se dedican a promover la salud sexual que:

La educación para la sexualidad sigue siendo una asignatura pendiente

Si evaluamos el resultado de la Educación sexual  en las últimas décadas, vemos que los mismos no son satisfactorios. Sigue habiendo muchos  embarazos adolescentes, abortos, relaciones sexuales precoces sin reflexión ni los cuidados correspondientes, y las enfermedades de transmisión sexual no han bajado, como tampoco los problemas relacionados al género y la discriminación sexual. Es que casi siempre se ha dado educación sexual basada en los factores de riesgo de la misma  (prevención del embarazo, de enfermedades, etc.) y no se ha formado al sujeto que va a ejercitar su sexualidad con los factores de protección  que hará que se cuide de lo que puede dañarlo.

Que queremos decir con esto? Que no solo debemos enseñar los métodos anticonceptivos, los cuidados para no enfermarse, a no discriminar,  etc. etc. sino también formar a los educandos para que puedan tener una autoestima alta, para que puedan ser asertivos (capaces de darse su lugar, de no dejarse llevar por delante, de defender sus derechos, de poder expresarse aún en situaciones hostiles, etc.). Si su autoestima está alta se sabrá valioso y se cuidará como se cuida a algo que tiene valor. Si es asertivo sabrá defenderse, podrá expresarse, no se sentirá disminuido y tendrá conciencia de lo que le conviene y no le conviene para una vida con calidad. Hay que enseñarle también a ser optimista. El optimismo se aprende y la gente optimista es más feliz, cuida de su vida, y se maneja mejor en lo que le toca vivir. La educación sexual no ha sido optimista. Al estar basada en los factores de riesgo siempre  difundió más lo malo que podía pasar. (Quedarse embarazado si uno no quiere, contraer algunas enfermedades, ser dejado por la pareja, etc. etc.)

Otros factores de protección en los  que hay que entrenar a los jóvenes  son: las habilidades sociales y la resolución de problemas.

 Una persona optimista, con habilidades sociales, que sepa resolver problemáticas, que sea asertiva, tenga la autoestima alta y sepa cuidarse será resiliente.

Que es ser resiliente? Es tener la capacidad de poder hacer frente a las adversidades sin quedar dañado. La vida no nos promete un camino de rosas, pero las personas resilientes viven mucho mejor. Algunas nacen con resiliencia, otras tienen que  aprenderla.

Sepan los padres y los docentes que una buena educación sexual se compone de la información adecuada más el desarrollo de estas potencialidades.  Y que no hay que usar términos muy difíciles para comunicarse con el educando. En última instancia detrás de la resiliencia está la ternura, el amor, la comprensión, el cuidado y la solidaridad.

Seria bueno que muchos padres y docentes tomen conciencia de que si no están preparados para esta tarea lo mejor es adquirir algún tipo de formación e información. Porque  el ejercicio de la sexualidad, como decía  el Dr. Florencio Escardó puede ser algo que nos haga feliz y nos de una vida placentera o puede ser algo que nos avergüence y nos haga sentir muy mal.  Y en eso tiene mucho que ver  lo que hagamos los que estamos encargados de educar.

Educar para la sexualidad es una gran tarea porque es educar para la vida. No tiene que ver solo con la genitalidad, sino con todo lo que hacemos como seres humanos, con todas nuestras relaciones como varones o mujeres, con la relación con los padres, con la pareja, con los hijos. Con la relación, en ultima instancia con la comunidad y con el mundo que nos rodea. Tiene que ver con lo que sentimos frente al otro, con el amor al prójimo. Educar para la sexualidad es educar para hacer valer nuestros derechos y lo de los demás. Es educar para vivir respetado y para aprender a respetar, Es educar  para vivir en la paz y no en la violencia., para no discriminar al diferente y para aceptar  y afrontar los desafíos  que nos tenga preparada la vida.

Es también para aprender a disfrutar del placer físico y emocional,  para  poder expresar las emociones,  abrazar,  acariciar,  llorar, consolar y porque no?  Para reaprender  a jugar. A que no perdamos a ese niño interior que todos llevamos adentro. A que lo mimemos y lo cuidemos. A que le prometamos que lo vamos a querer, respetar, acompañar y cuidar hasta sus últimos días. En última instancia todo adulto  no es más que un niño grandote que ha aprendido mucho a lo largo de los años, pero que siempre va a necesitar que lo amen, amar y ser reconocido como lo que es. La educación sexual no solo está diseñada para evitar  los problemas que trae una sexualidad mal ejercida,  a nivel de enfermedad, embarazos no deseados, etc., sino también de disfunciones sexuales en la pareja. Pero no es eso solo. Es también una educación  para  tener una mejor calidad de vida y poder disfrutar de lo que la vida nos da. Es una educación para reforzar las fortalezas que tiene cada uno y poder sentirse bien con lo que cada uno es en cada etapa o circunstancia que le toca vivir.

 

            

                                                 Ps.  Mirta Granero

                                  Miembro Fundador y Directivo

                Asociación Rosarina de Educación Sexual y Sexología (ARESS)